viernes, 11 de marzo de 2011

ESPACIO RECEPTOR

La forma universal de recibir una obra artística no existe.

La recepción del espacio en cualquier espectáculo destaca por el gran conjunto de códigos que estructuran las experiencias perceptivas del usuario.
Pero tal evento, puede convertirse tan sólo, en una teoría de la información con un sin fin de señales transmitidas intencionadamente que se direccionan al público teniendo un carácter de comunicación estéril, meramente informativa, no un acompañamiento de significación personal.

Si tenemos en cuenta la comunicación mediática y su infinita reproductibilidad, las prácticas tecnológicas, así como los soportes o espacios publicitarios, han sido desde hace un tiempo, las herramientas usadas por el sector empresarial para incrementar su desarrollo. Estas corporaciones, salen a la busca y captura de perfiles estándar o definidos confeccionando lenguajes impersonales con un discurso falto de diálogo para sus clientes, y de este modo, delimitan mundos estancos alrededor de sus marcas de difícil accesibilidad pese a la afín y seductora voz de la publicidad. Dicha tarea no se vincula a una historia o al contenido de una temática dada sobre el dispositivo de representación que ocupa un espacio, sino a un estado de sofisticación compleja y mecanizada gracias a los avances tecnológicos.
En realidad, no le hacemos ningún favor al negocio negando la especificidad del espacio al medirla por el rasero de la comunicación que publicita signos o símbolos atractivos basándose en una infraestructura que el mismo espacio no ha necesitado, pues este además, se somete al singular tiempo de la experiencia y de la percepción en la práctica de los eventos.

Por tanto, nuestro Branding ha de enfocar su trabajo optimizando la recepción espacial del proceso entre la interacción estructural y la experiencial.

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