martes, 7 de septiembre de 2010

RESPONSABILIDAD DE LOS EVENTOS

Un evento actúa como espacio vinculante entre el valor funcional que propone una entidad corporativa y el valor social que impulsa la marca de la misma.
Se constituye como un medio físico en el que se da transferencia a la imagen de una idea, en torno a la cual, se enfatiza el potencial expresivo del evento que entra en contacto con el usuario.

Por tanto, es preciso dar importancia, no sólo a los códigos de empresa, sino sobre todo, a la recepción de los códigos ideológicos del momento para evaluar la presencia y la calidad del mensaje de la marca corporativa.
Los eventos abren posibilidades para reestructurar o actualizar determinados sectores adaptándolos a las nuevas necesidades requeridas por Branding.
En ellos, se ha de incluir esta promesa que nos brindan al convertir el capital humano en el centro de todo.
Además, la observación y el control de los espacios de encuentro que nos proponen los eventos, contribuyen al desarrollo del crecimiento de la reputación en la empresa, ya que, dirigir las miras hacia el valor cultural de la marca, significa asociar responsabilidad social a compromiso. La entidad al asumir dicha obligación, revela su cometido en la planificación de sus eventos y en la consecución de los mismos.
De este modo, los eventos toman responsabilidades de difusión donde las interacciones del usuario se evalúan junto con la experiencia estética basándose en activar, constantemente, la realidad cotidiana.

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